El nacimiento del consumo de vino nos remonta a casi 8.000 años atrás, en la historia de la humanidad por el hallazgo de grandes cantidades de pepitas de uva en algunas localidades de Turquía y Líbano, en investigaciones arqueológicas, posiblemente procedentes de actividad agrícola. De unos cuantos años más tarde son los primeros restos de ánforas adornadas con racimos de uva, encontrados en Georgia, que presuponen ya una actividad relacionada con la elaboración del vino, 6000/5000 A.C.

Y del 5000/4500 A.C. datan los restos de vasijas hallados en Irán, donde se ha encontrado ácido tartárico, procedente, con mayor seguridad, de la guarda de vino en su interior.

En el Antiguo Testamento, libro del Génesis, aparece la primera referencia al vino, a su elaboración y a sus efectos, cuando relata la historia de Noé: “Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña. Bebió del vino y se embriagó.”

En el antiguo Egipto, la viticultura y la elaboración del vino han quedado muy acreditadas en numerosas imágenes sobre vendimia, prensado de uvas, etc.

Su uso en banquetes, grandes fiestas ha sido acreditado en inscripciones e imágenes diversas.

Posteriormente en Grecia con sus dioses del vino, escritos de Sócrates, leyes sobre la regulación del consumo, el inicio del comercio exterior, etc., dejan cumplida confirmación que la cultura del vino había alcanzado ya unos niveles muy importantes.

El imperio romano, la edad medieval, el desarrollo en el nuevo mundo… hasta la edad moderna, toda la historia ha estado jalonada de avances y mejora en todos los procesos tanto de cultivo como de elaboración.